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Los 5 departamentos de una empresa donde se producen más casos de fraude interno (y cómo evitarlos)

Las prácticas fraudulentas de carácter interno por desgracia pueden afectar a cualquier estrato de una organización empresarial, pero hay cinco departamentos que registran la mayor parte de los casos y a los que hay que prestar mayor atención, según señala Gertrudis Alarcón, managing director de la consultora GAT Intelligence y presidente de ACFE en España, (Association of Cerfied Fraud Examiners), la mayor y más prestigiosa organización antifraude del mundo).

De acuerdo con los datos facilitados por ACFE referentes a los resultados de 2014 a nivel global las cinco áreas más sensibles de una empresa son: Contabilidad, Operaciones, Ventas, Alta dirección y Atención al cliente. Estos cinco departamentos, junto a Finanzas y Compras –aunque estos dos en mucha menor proporción– representan el 77% del fraude interno que se produce en una empresa.

departamentos y fraude

Departamentos de la empresa en los que más fraude interno se produce

En estos departamentos además es particularmente perniciosa la asociación de empleados para cometer el fraude. Por ejemplo, estadísticamente se ha comprobado que un fraude de unos 80.000 dólares cometido por un solo empleado llega a los 300.000 cuando hay dos empleados que actúan de acuerdo.

Esto puede tener un efecto devastador en empresas pequeñas. De hecho, las empresas pequeñas, considerando como tales a aquellas menores de cien empleados, tienen de media un 28% más de pérdidas por fraude interno que las grandes corporaciones.

El departamento de Contabilidad es uno de los lugares estratégicos en la lucha contra el fraude interno porque, si bien no presenta un porcentaje particularmente llamativo de prácticas fraudulentas en el interior de una empresa, es más, figura según este criterio en los últimos puestos, es el que más pérdidas totales puede causar a una compañía por esta causa.

 

defraudadores

Perfil del defraudador

 

Es una situación similar que la que se observa según la posición del defraudador dentro de la empresa. Según el estudio de ACFE presentado en Securitecnia hace unos días, con información demográfica de más de 1.400 defraudadores de más de 100 países, apenas el 19% de los defraudadores tienen la posición de propietario/ejecutivo dentro de sus empresas, por el 36% que es director y el 42% empleado. Sin embargo, por cada 75.000 dólares de pérdidas por fraude que genera un empleado, un propietario/ejecutivo defrauda 500.000 dólares.

El perjuicio económico medio en España de las empresas que han sufrido algún tipo de delito económico o fraude asciende a 730.000 €/año, según estimaciones de diferentes auditoras. A estos costes directos hay que sumarles otros indirectos, tales como:

⁻ los efectos negativos que la corrupción provoca sobre la imagen y la reputación de las compañías afectadas, cuyos costes por daños en activos intangibles son muy difíciles de cuantificar.

⁻ el daño moral que ocasiona el fraude a los propios trabajadores de la empresa, que ven afectada su motivación, provocando una alarmante disminución de la productividad.

⁻ el dinero añadido que cuesta contratar a abogados, peritos, investigadores y auditores que intenten clarificar y responder con contundencia al fraude empresarial.

“Hacer frente a las consecuencias del fraude en una organización puede salir más caro que poner en marcha los mecanismos de prevención y control de riesgos necesarios para evitar la comisión de delitos de carácter económico”, señala Gertrudis Alarcón.

La solución más eficaz es la presencia de controles antifraude, que está demostrado que reducen no sólo el número de casos sino la duración de los que se produzcan.

Las líneas éticas o canales de denuncias (whistleblowing) se encuadran en el marco de las políticas empresariales de buen gobierno corporativo. Este tipo de mecanismos favorecen la transparencia y protegen a las organizaciones.

El canal de denuncia permite tener un servicio externo de comunicación y reporte de irregularidades. Está dirigido a empleados, proveedores, clientes y otros posibles grupos de interés de cada compañía. Según Gertrudis Alarcón, “su objetivo es el de detectar a tiempo y posibilitar la denuncia del fraude interno, así como cualquier otro tipo de conductas no permitidas o impropias, que puedan afectar al capital humano, al patrimonio o a la propia reputación de la organización, por ser contrarios a sus principios”.

Otras iniciativas eficaces son la utilización proactiva de datos, la aplicación de políticas antifraude y la creación de departamentos específicos que lo combatan, la formación de los empleados para detectar e informar sobre estos delitos y el establecimiento de un sistema de recompensas para quienes denuncien malas prácticas, entre otros.

 

cómo se detecta el fraude en la empresa

 

Lo importante es tomar conciencia de que el fraude interno puede aparecer en cualquier empresa de cualquier tamaño. Es omnipresente y no discrimina.

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