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BIG DATA ciudadano: cómo utilizar lo que se sabe de nosotros

¿Cómo pueden utilizar los ciudadanos los datos que el gobierno posee de ellos?

Partamos de una base clara: los datos que no están abiertos al público solo benefician a aquellos que los controlan.

Los datos del censo, las bases de datos meteorológicas o medioambientales sobre contaminación, los datos sobre tráfico y accidentes de las smart cities, los datos de los presupuestos del estado, los indicadores socioeconómicos y las investigaciones científicas, por ejemplo,  son datos abiertos. Y si no lo son, deberían serlo.

Los datos abiertos se definen como “cualquier contenido, información o datos que las personas pueden usar, reusar y redistribuir sin ninguna restricción legal, tecnológica o social”. Deben estar disponibles de forma gratuita (o a un coste mínimo), en un formato que facilite su uso y deben poder ser usados sin discriminación de personas, grupos o aplicaciones.
El análisis de estos grandes datos puede beneficiar a las empresas, a las organizaciones sociales y al público en general, porque permiten crear nuevos negocios, detectar oportunidades y tomar decisiones informadas (Gurin, 2014).

El gobierno debe, por tanto, poner a disposición de los ciudadanos los conjuntos de datos que abiertos puedan resultar beneficiosos. La propia Ley de Transparencia (diciembre 2013) aboga por el Gobierno Abierto, cuando afirma “la transparencia, el acceso a la información pública y las normas de buen gobierno deben ser los ejes fundamentales de toda acción política. Sólo cuando la acción de los responsables públicos se somete a escrutinio, cuando los ciudadanos pueden conocer cómo se toman las decisiones que les afectan, cómo se manejan los fondos públicos o bajo qué criterios actúan nuestras instituciones podremos hablar del inicio de un proceso en el que los poderes públicos comienzan a responder a una sociedad que es crítica, exigente y que demanda participación” (BOE, 2013).

infografía big data

Porque, en realidad, ¿quién es el dueño de los datos?, ¿cómo podemos defender nuestra privacidad frente al uso que del Big Data pueda hacerse?

 La LOPD (Ley Orgánica de Protección de Datos) recoge entre sus principios la minimización, que establece que sólo deben guardarse aquellos datos personales que sean necesarios para conseguir objetivos legítimos y especificados, y que éstos deben ser destruidos tan pronto como no sean relevantes para la consecución de dichos objetivos. Pero, seamos sinceros, el gran valor de los datos radica en los cruces, en los usos secundarios que puede hacerse de ellos, distintos del uso para el que se recogieron originalmente.

Por eso, nos encontramos con el riesgo de que los datos personales y privados se recojan y analicen con fines que los sujetos de los datos ni conocen ni aprueban. Esto hace que el mecanismo de información y consentimiento, según el cual debe explicarse a los individuos qué uso se dará a la información que se recoja sobre ellos para poder decidir si quieren o no cederla, pueda ser claramente insuficiente.

Una vez más, la tecnología supera en rapidez de desarrollo a la legislación que la regula, ya que la naturaleza digital de los datos personales permite que puedan reproducirse infinitamente y distribuirse globalmente, eliminando, por tanto, muchas de las fronteras comerciales que existen para los bienes materiales.

Además, los datos no se agotan cuando se usan, se pueden reutilizar y aumentan su valor cuando se conectan con otros datos. Y los datos personales, al estar íntimamente relacionados con la identidad de cada uno, acaban convirtiéndose en nosotros mismos.

Por eso es tan importante poner puertas al campo. Es preciso establecer normas que:

  • Protejan los datos personales frente a las infracciones y abusos intencionados y no intencionados

  • Establezcan derechos, responsabilidades y permisos para que se equilibren los intereses de todos los participantes en el intercambio de datos

  • Definan los requisitos que una empresa debe cumplir para que pueda ser considerada responsable con respecto a la protección, la seguridad y el uso de datos personales.


Hemos visto cómo el Big Data puede ser la solución a muchos de nuestros problemas, pero también el origen de otros nuevos que requieren respuestas claras y acertadas. Lo que está claro es que la tecnología abre las puertas a la humanidad a un nuevo desarrollo, basado en el conocimiento, en el que el resultado al que lleguemos dependerá, como siempre, del factor humano.
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