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¿Cómo puede usar el gobierno el poder del Big Data, además de para espiarnos?

El volumen, la velocidad, la variedad y la veracidad de los datos, características del Big Data, ¿juegan en contra de los ciudadanos o pueden facilitarnos la vida hasta límites insospechados?

El 83% de las empresas en España cree que el Big Data será una prioridad en los próximos 3 años. El año que viene, 2015, se estima que se habrán creado ya en el sector de las TIC 4,4 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, de los cuales, 1,2 millones corresponderán a Europa.

[caption id="attachment_1261" align="aligncenter" width="558"]¿Cómo puede usar el gobierno el poder del big data, además de para espiarnos? ¿Cómo puede usar el gobierno el poder del big data, además de para espiarnos?


Es el tiempo de los “científicos de datos”, del “Internet del todo” y de una nueva era. La fe en este “nuevo petróleo”, como ya se ha denominado al Big Data, está fundamentada en el poder de la información. Pero como el petróleo, hay que refinar y depurar los datos para que los análisis sean correctos y no contengan ruido que pueda distorsionar las conclusiones que se obtengan de ellos.

Hoy en día no sólo disponemos de una cantidad inimaginable de datos de todo tipo, (1) provenientes de nosotros mismos (wereables, rastro de nuestras actividades en la red) (2) de las máquinas y objetos con los que nos relacionamos (desde la casa al coche conectado gracias a la telemática) y (3) de la relación que se establece entre todos ellos entre sí;  sino que además contamos con la capacidad de analizarlos de forma inteligente, en tiempo real, y de establecer patrones de comportamiento, lo que nos ofrece la posibilidad de realizar predicciones. Ahora tenemos la capacidad de realizar diagnósticos certeros y pronósticos fiables. Podemos anticiparnos al futuro, mejorar.

[caption id="attachment_1262" align="aligncenter" width="600"]datos no estructurados datos no estructurados


Son numerosos los ejemplos de aplicación práctica del Big Data al mundo empresarial. Una vez que podemos analizar además de los tradicionales datos estructurados (bases de datos, hojas de cálculo, etc) también los nuevos datos no estructurados (emails, interacciones en las redes sociales, opiniones y sensaciones, etc.)  las empresas están en disposición de localizar tendencias, pudiendo ajustar así su oferta de forma anticipada a la demanda.  Se habla ya de análisis de sentimientos o minería de opiniones, si atendemos a los gustos, deseos y necesidades de los consumidores y trabajamos para satisfacerlos antes de que los manifiesten (ej. Google Now).

Semejante capacidad tecnológica nos dibuja una escena cotidiana como la siguiente: Andrés, año 2020.

En el tren de vuelta a casa utiliza su teléfono inteligente para consultar su blog favorito de cocina. Decide qué receta probará hoy para la cena de sus hijos. Envía una petición a su frigorífico inteligente que, a su vez, confecciona una lista de la compra y la remite al supermercado para asegurarse de que los ingredientes esenciales estarán disponibles cuando Andrés llegue a casa. Como sus hijos no son muy aficionados a ir de compras en el coche cuando salen de la guardería, Andrés envía una petición a su sistema de entretenimiento doméstico para que seleccione un episodio de la serie favorita de televisión de sus hijos y lo descargue en el sistema multimedia del coche. Si fuéramos más allá con el ejemplo, Andrés podría dar una orden al horno para que se precalentara, comprobar si se ha cargado la batería de su coche eléctrico, y quizá también averiguar, con la ayuda de los chips cosidos en la ropa de sus hijos, si tiene que recogerles en el patio o en la sala de música de la guardería (Cramer, 2012).

[caption id="attachment_1263" align="aligncenter" width="660"]big data big data


¿Cómo puede usar el gobierno el poder del Big Data, además de para espiarnos?

En este nuevo estilo de vida digital, total y permanentemente conectado, ¿para qué puede usar el gobierno de turno todo lo que conoce de nosotros, de nuestras relaciones y nuestros patrones de comportamiento, además de para espiarnos?, ¿cómo pueden los poderes públicos emplear esta capacidad tecnológica para mejorar la vida de los ciudadanos?

Veamos algunos ejemplos que el Gobierno estadounidense está ya desarrollando:

  • Predicción de terremotos antes de que sean detectados


En agosto de 2012, el Servicio Geológico de Estados Unidos rastreó miles de tuits buscando la palabra “terremoto”. Utilizando datos sobre la hora y la posición contenidos en esos tuits, consiguió localizar un gran terremoto en las islas Filipinas antes de que los sismógrafos lo registraran (Konkel, 2013a).

  • Alerta temprana sobre focos de epidemias


Google descubrió en 2009 que existía una estrecha relación entre el número de personas que realizaba búsquedas relacionadas con la gripe y las personas que realmente sufrían síntomas gripales. En la actualidad, esta herramienta, conocida como Google Flu Trends, ofrece datos sobre la actividad de la gripe en diferentes países y regiones de todo el mundo.

  • Anticipación de la tasa de desempleo


Por ejemplo, Global Pulse, una iniciativa de Naciones Unidas para abordar crisis socioeconómicas, en colaboración con la empresa SAS, analizó conversaciones que tenían lugar en redes sociales de Estados Unidos e Irlanda y consiguió predecir aumentos en la tasa de desempleo tres meses antes que los informes oficiales (Cary, 2012).

  • Prevención de delitos y reducción de índices de criminalidad


En la ciudad de Los Ángeles el Big Data se usa para detectar en qué calles, o qué grupos o individuos son más propensos a cometer delitos y deben ser sometidos a una vigilancia extra (Van Rijmenam, 2014b).

  • Medicina 4P: personalización, predicción, prevención y participación


Las técnicas de Big Data pueden ayudar a entender cómo funcionan los genes y cómo interactúan entre ellos para prevenir o luchar contra enfermedades como el cáncer. Además, analizar los datos genéticos de cada individuo permite personalizar los tratamientos médicos. Gracias al Big Data, también pueden estudiarse los efectos secundarios perjudiciales de la medicación, así como las interacciones entre distintos medicamentos, y utilizar esta información para configurar tratamientos a medida que optimicen los resultados y minimicen los riesgos. Hoy ya es posible prevenir ataques al corazón o comas diabéticos analizando los datos generados por dispositivos de monitorización de uso doméstico, como medidores de glucosa o monitores cardiacos.

Y la siguiente pregunta sería: ¿Cómo pueden utilizar los ciudadanos los datos que el gobierno posee de ellos? Este será el tema de nuestro próximo post.
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