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Un futuro "inteligente" para España

Los medios de comunicación han reflejado tradicionalmente una imagen un tanto distorsionada de lo que es la inteligencia empresarial de ámbito privado, de las herramientas que utiliza y los fines que persigue. La imagen del analista de inteligencia, lejos del concepto cinematográfico que puede tener la opinión pública, responde a un perfil que no tiene nada que ver con el espionaje, sino con la capacidad de percibir, analizar  y, sobre todo,  de “ver” más allá de lo que está a nuestro alcance para plantear estrategias de actuación.

Un experto en inteligencia, ya trabaje para una empresa privada o para el gobierno, debe ser capaz de identificar la información relevante para estudiar, entender y localizar oportunidades y amenazas, es decir, para ayudar a diseñar la estrategia de una organización, pública o privada, a largo plazo.



En este sentido, cabe destacar la coordinación y las buenas relaciones existentes entre las distintas unidades españolas de inteligencia. Así se ha puesto de manifiesto en el II Seminario de Inteligencia y Seguridad, titulado “Inteligencia para competir”, que se ha celebrado los días 23 y 24 de mayo en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra en Madrid.

Este seminario se ha convertido en el punto de encuentro necesario entre la inteligencia económica (gobierno), la inteligencia competitiva (mercado), la inteligencia militar (defensa) y la inteligencia empresarial como invitada, con un objeto de estudio común: el entorno y el adversario o competidor. El seminario ha proporcionado una visión multidisciplinar de todas las posibilidades de la inteligencia gracias a las ponencias de las universidades asistentes, el CNI (Centro Nacional de Inteligencia), la Guardia Civil, las Fuerzas Armadas y los organismos públicos y semipúblicos al servicio de las empresas, como el ICEX, el Consejo Superior de Cámaras y las empresas privadas.

Hasta esta legislatura, el CNI dependía del Ministerio de Defensa. Ahora este organismo se adscribe directamente al Ministerio de Presidencia y su operatividad depende de la vicepresidenta del Gobierno. Este cambio responde a lo que la propia vicepresidenta Soraya Sáenz de Santa María ha denominado una "evolución de los propios servicios de inteligencia". Efectivamente, de esta situación se deduce un cambio importante: la desmilitarización de un organismo que, tradicionalmente, respondía a las necesidades de defensa y no de estrategia.



Ahora, el gobierno necesita profesionales capaces de analizar y transformar información sensible en un producto de valor añadido, que facilite la toma de decisiones en la esfera de la defensa, pero también en la propia defensa de los intereses económicos españoles, como han hecho hasta ahora las empresas especializadas en Inteligencia empresarial en el ámbito privado.

Debemos tener claro, sin embargo, que el objetivo de este tipo de empresas no es robar información ni desvelar secretos porque, a pesar de que es así como lo pintan, un experto en inteligencia no es un espía. De hecho, en torno al 90% de la información que manejan estos profesionales procede de fuentes abiertas legales.

Un requisito fundamental a la hora de buscar este tipo de perfiles es que hayan asumido un código ético muy estricto. Existen organizaciones que velan por que el trabajo del analista responda a esta máxima, como PACI, Partnering Against Corruption Initiative, el programa global anticorrupción liderado por el Foro Económico Mundial, Transparencia Internacional y el Basel Institute on Governance; el Global Compact de Naciones Unidas; ACFE (la Association of Certified Fraud Examiners) o ASEPIC (Asociación Española para la promoción de la Inteligencia Competitiva).

Evolución histórica

La inteligencia empresarial como tal vivió su primera revolución tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el fabricante de motos japonés Honda envió a varios de sus ejecutivos para investigar cómo aterrizar en un mercado tan interesante como Estados Unidos. Este equipo de “inteligencia empresarial” llegó a la conclusión de que Honda no fabricaba un producto ajustado a los gustos de la población americana y, en vista de la información acumulada, planteó una estrategia comercial. Regalaron motos en los Estados en los que habitaban más japoneses y, en unos siete años, Honda vendía la mitad de las motos que circulaban por ese país.

Países como Japón o Estados Unidos, nos llevan 20 años de ventaja en la aplicación de métodos de inteligencia empresarial pero es evidente que necesitamos de este tipo de tácticas de estrategia tanto o más que ningún otro país. No hay más que analizar los brillantes resultados  de las empresas farmacéuticas que, tradicionalmente, han sido las más proclives a usar a estos servicios, por su extremada necesidad de tener información y perspectiva de negocio a muy largo plazo.

En el ámbito estatal, la inteligencia sufrió su segunda revolución en la etapa que se abrió tras la caída del Muro de Berlín, que significó el fin de más de 40 años de Guerra Fría.  Según Nieves Bregonte, Vocal de Relaciones Institucionales y Académicas del CNI, “hasta ese momento, la inteligencia se desarrollaba en organismos compartimentados y opacos”. Tras ese punto de inflexión, comenzó la euforia de la era de la Seguridad, a raíz de los impactantes acontecimientos vividos el 11 de Septiembre en Estados Unidos. Desde entonces hasta hoy,  poco ha cambiado el escenario mundial de la inteligencia.

Estos hitos en la historia de la inteligencia han traído ventajas y enseñanzas. Según Bregonte “hay que abrirse, la sociedad tiene que conocer, saber”. Desmitificar el concepto de inteligencia y desarrollar la pedagogía comunicacional necesaria para difundir en todos los estratos sociales, incluido el político  -del que en última instancia depende el funcionamiento de la estructura de inteligencia del estado-, la cultura de inteligencia ayudará a España a construir su propio modelo.

El CNI promueve estas iniciativas, fomenta la formación, inspira moralmente y comparte su conocimiento con la sociedad para enseñar a gestionar los riesgos de las amenazas globales, reforzar el análisis, conocer al competidor o incluso reclutar al personal adecuado. Lo cual no quiere decir que, obviamente, el estado no vaya a seguir desarrollando siempre un cierto número de actividades “secretas”. De la misma forma que las empresas privadas trabajan con “confidencialidad” para sus clientes. El Estado al igual que las empresas ha de hacer inteligencia para mejorar su competitividad y capacidad de influencia, anticipar riesgos y amenazas e identificar oportunidades.

Para ello, España necesita profesionales en inteligencia al servicio del Estado y necesitamos tener claro lo que pueden hacer por nuestro país. El concepto de “Inteligencia”, sea empresarial, corporativo o referente a la defensa, debe ser entendido por la sociedad como la búsqueda de una ayuda. Un plus que supone la obtención de una ventaja diferencial, que nos puede ayudar a triunfar. Eso sí, respondiendo en todo caso a códigos éticos y de confidencialidad estrictos.

Se ha hablado mucho sobre la necesidad de España de hacer cambios en la estructura de inteligencia y muchas veces se ha mencionado el modelo francés, pero nuestro país está lejos de poder adoptar éste u otros modelos europeos. España tiene su propia estructura y una idiosincrasia particular a las que resulta difícil encorsetar en modelos ajenos.  Basándose en la transparencia, la profesionalidad y la excelencia académica, España está llamada a crear su propio modelo de inteligencia para el futuro.
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