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Las empresas españolas pierden el 5% de sus ingresos por culpa del fraude

Aunque el 63% de los ciudadanos manifiesta que no encuentra justificación alguna al fraude (según el Instituto de Estudios Fiscales dependiente del Ministerio de Hacienda en su último estudio “Opiniones y Actitudes de los Españoles 2010”), más de un tercio (37% de los encuestados) justifica la conducta defraudadora exculpando a quienes lo hacen por la adversidad de las circunstancias actuales.  

España se sitúa ya en el décimo país del mundo en fraude fiscal, debido al aumento de la economía sumergida en los últimos años. Las nuevas medidas del gobierno con la llamada amnistía fiscal y otra serie de imputs son una llamada al orden: necesaria, pero un tanto injusta y desde luego, impopular.

Los ciudadanos opinan que los colectivos que más defraudan son los empresarios (40%), seguidos por los profesionales (19%) y los autónomos (11%) y los que menos defraudan son los asalariados (2%).  La realidad es que esta percepción es bastante certera ya que tres de cada cuatro euros defraudados se originan en empresas con más de 6 millones de facturación anual. No obstante, el fraude se produce con más frecuencia en empresas con menos de 100 empleados, porque el control es menos férreo o porque se cuentan con menos medidas de prevención y control.



En cualquier caso,  el anteproyecto de ley anti fraude tratará de reducir el flujo de fondos a la economía sumergida, pero la llamada amnistía fiscal se queda corta. El  objetivo es siempre recuperar la pérdida económica, de forma que la posibilidad de blanquear el dinero negro a precio de saldo que ahora se ofrece o la obligación de declarar las cuentas en el extranjero son medidas que tienen que complementarse con la obligación de repatriar capitales y la formulación de sanciones graves, e incluso penas, para aquellos que no lo hagan. Es necesario para que las medidas adoptadas surtan efecto.

La única forma eficaz de luchar contra el fraude es aumentar la conciencia social sobre la necesidad de cumplir, cada uno en su puesto, con sus obligaciones respecto a Hacienda. Llos empresarios, pequeños y grandes, podemos poner nuestro granito de arena creando y manteniendo una conducta de honestidad y moral elevada, evaluando los riegos de ocurrencia de fraude e implementando controles en nuestras compañías y vigilando el cumplimiento de los procedimientos establecidos. Medidas concretas que ayudan en la prevención del fraude.

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